Innovación para el aprendizaje

Escrito el 05 Dic 18 por Emmanuel Jimenez , Elizabeth M. King, Ju–Ho Lee
Innovación educativa

 

Este artículo fue publicado originalmente en el blog de la Comisión de Educación

Nos encontramos en medio de una crisis global del aprendizaje. Este es el claro mensaje que se deduce de los principales informes recientes. Según el Informe de Desarrollo del Banco Mundial 2018 sobre aprendizaje, «cientos de millones de niños y niñas alcanzan la edad juvenil sin haber adquirido ni siquiera las destrezas vitales más básicas». Y el Informe de 2016 de la Comisión de Educación, La Generación del aprendizaje calcula que «de los 1400 millones de niños y niñas en edad escolar en países de renta media y renta baja (...) 825 millones no estarán preparados para adquirir las destrezas básicas a nivel secundario». Se ha dado la señal de alarma porque, aunque los cuantiosos recursos que los gobiernos y las familias han invertido en la educación han conseguido aumentar la tasa de escolarización hasta niveles sin precedente, las escuelas no están consiguiendo ampliar el aprendizaje, incluyendo las destrezas necesarias para aumentar la productividad y competitividad de las economías.

El desafío en el aula

A medida que aumenta la escolarización en escuelas y universidades, aumenta igualmente la diversidad de quienes acuden a ellas. Se ha demostrado que suponer que las aulas de hoy puedan proveer las necesidades de cada estudiante es una suposición poco realista. La tendencia a enseñar al «estudiante medio», ha sido un poderoso ímpetu para alcanzar objetivos como la «educación para todos y todas». Pero incluso ese profesorado admirable, que hace un siglo lograba alcanzar sus objetivos en escuelas unitarias, hoy tendría muchas dificultades para impartir los conocimientos que exige el currículum actual. Tanto la escala como el alcance de la instrucción han cambiado drásticamente. El número de asistentes se ha disparado en todos los países, lo que ha tenido como consecuencia un aumento de la ratio de aula, con estudiantes procedentes de una amplia variedad de orígenes económicos y culturales. Además de esto, se espera del profesorado que cubra currículos cada vez más extensos, que incluyen instrucción sobre las tres Rs así como sobre una variedad de temas, entre ellos el alfabetismo informático, la educación ciudadana, la salud y la educación física, la educación sexual y la educación medioambiental. Estos cambios reflejan el importante papel que queremos que jueguen las escuelas en nuestras economías y sociedades, pero muchas escuelas no están ni preparadas ni equipadas para hacerlo.

Mirando al futuro, resulta complicado predecir cuáles serán los conocimientos y destrezas que necesitará el alumnado. Un informe del Instituto McKinsey de 2017 sobre los oficios en 2030 decía que, debido a la automatización, la «transición planteará muchos desafíos, que igualarán o superarán la escala de los desplazamientos en la agricultura y en la manufactura de los que fuimos testigos en el pasado». El Informe de Desarrollo Mundial de 2019: La naturaleza cambiante del trabajo, del Banco Mundial, advierte de «la incertidumbre total que implica hacer predicciones sobre el futuro», y señala cómo el cambio tecnológico está «dificultando que podamos prever qué destrezas específicamente relacionadas con los oficios prosperarán y cuáles se quedarán obsoletas en un futuro cercano». Así pues, ¿cómo pueden cambiar las escuelas para lidiar con una disparidad e incertidumbre así?

La tecnología puede ser de ayuda. En los últimos años hemos visto cómo se desarrollaban prometedoras tecnologías de la educación con una rapidez notable. El aprendizaje adaptado mediante la inteligencia artificial y el big data, el aprendizaje social mediante las plataformas digitales, el aprendizaje inmersivo mediante la realidad virtual (RV) y la realidad aumentada (RA), así como la gamificación se encuentran entre las herramientas inteligentes que pueden proporcionar un aprendizaje personalizado para cada estudiante. Estas tecnologías aportan un mundo ilimitado de conocimientos al alumnado conectado, así como herramientas para perfeccionar destrezas específicas para la resolución de problemas. Siempre que tengan a mano una conexión a internet, estudiantes y profesorado pueden acceder gratuitamente, estén donde estén, a un apoyo desde fuera del aula, como pueden ser los vídeos online sobre numerosos temas producidos por la Academia Khan. En las aulas de la Arizona State University (ASU), los estudiantes están empleando un sistema de aprendizaje adaptado e informatizado, que les proporciona una atención personalizada y les sugiere senderos de aprendizaje basados en su desempeño. Este sistema de «aprendizaje de alta tecnología» ha permitido que el profesorado de ASU concentre sus horas de trabajo lectivo en el «aprendizaje personalizado», como el aprendizaje basado en proyectos o el aprendizaje manipulativo mediante experimentos de laboratorio en pequeños grupos.

Por el momento, la investigación ha demostrado que el empleo de las nuevas tecnologías en las escuelas no es una panacea. Una revisión bibliográfica reciente de 3ie sobre qué es lo que funciona a la hora de mejorar la educación, muestra que, según estudios rigurosos, el impacto de los ordenadores en el aprendizaje en el aula es estadísticamente indistinguible de cero. Los estudios que muestran un efecto positivo son aquellos en los que la intervención tecnológica está vinculada a la formación y rediseño curricular del profesorado. La lección que se deriva de esta revisión es que las inversiones en innovaciones tecnológicas deben ir de la mano con los cambios en la pedagogía que impliquen algo más que limitarse a poner dispositivos digitales en las aulas o en las manos del alumnado. De hecho, se requiere un sistema, más concretamente un sistema de innovación.

¿Un sistema de innovación para la educación?

Un informe de 2011, del que es responsable Deborah Jackson, de la National Science Foundation, defiende que el fomento de la innovación requiere de un sistema que «modele las (...) complejas relaciones que se forman entre los actores o entidades cuyo objetivo funcional es permitir el desarrollo y la innovación tecnológica». Se han desarrollado varios marcos de trabajo para tratar de ver qué aspecto tendrían estos sistemas de innovación. Estos marcos de trabajo comparten cuatro componentes comunes que necesitan situarse en su lugar para nutrir la innovación: gente, infraestructuras, recursos económicos y un ambiente posibilitador.
¿Qué tal puntúan estos cuatro componentes de los sistemas educativos? En nuestra opinión, no muy bien... aún.

1. Gente. A diferencia de los emprendedores, que luchan por crear nuevos productos, servicios o procedimientos para maximizar los beneficios, el profesorado no tiene ningún incentivo para descubrir nuevas maneras de proporcionar una experiencia de aprendizaje a su alumnado. La mayoría del profesorado considera que su trabajo es enseñar el currículum que otras personas han diseñado. Por lo tanto, hay una necesidad urgente de redefinir la carga de trabajo educativo y de inventar qué papeles pueden jugar profesorado y equipo directivo para transformar las escuelas y que estas puedan transmitir a todo el alumnado los objetivos de aprendizaje. La Education Workforce Iniciative (EVI) de la Education Commission busca atraer nuevas reflexiones y nuevos enfoques a este área fundamental.

2. Infraestructura. Hemos sigo testigos de la rápida aparición de las nuevas tecnologías inteligentes, a menudo calificadas como la «cuarta revolución industrial», término que se refiere a la disponibilidad cada vez mayor y más generalizada del internet de las cosas, de la inteligencia artificial, del big data, de la impresión 3D, de los dispositivos móviles (por ejemplo lectores de ebook) y de las comunicaciones inalámbricas 5G, todos ellos elementos que pueden aprovecharse en las escuelas para la enseñanza y el aprendizaje. No obstante, las escuelas a menudo son el último lugar en el que profesorado y alumnado pueden encontrarse con estas tecnologías. Por ejemplo, aunque Corea tiene algunas de las mejores infraestructuras TIC del mundo, incluyendo wifi gratuito en todas las líneas subterráneas de transporte, en 2016 solamente el 19 por ciento de las aulas tenía conexión wifi. Esto se debe tanto a la resistencia de los equipos directivos y el profesorado a adoptar las nuevas tecnologías, como a la preocupación de las familias sobre la adicción del alumnado al uso de internet y a los videojuegos. Pero en países con un nivel de ingresos menor, las infraestructuras deficientes en general, por ejemplo, la carencia de torres de telecomunicaciones y de suministro de energía, especialmente en las áreas rurales, son limitaciones más complicadas a las que se unen unos edificios escolares que no pueden albergar los dispositivos tecnológicos de manera segura contra el robo y las inclemencias del tiempo. Además, la ausencia de habilidades informáticas y de servicios técnicos fuera de las grandes ciudades puede hacer que la infraestructura escolar existente, como los laboratorios informáticos, se vuelva prácticamente inútil después de un corto periodo inicial de uso.

3. Recursos económicos. A menudo el profesorado y el equipo directivo con ganas de innovar no dispone apenas de financiación, o esta es intermitente. La Education Commission calcula que, para que más niños y niñas acudan y aprendan en la escuela, los gobiernos deberían doblar su gasto, desde un escaso 2 por ciento del PIB que supone ahora, hasta un 4 o 5 por ciento, y que la ayuda de la comunidad internacional deberá suplementar aún por encima de este aumento de la financiación interna. No obstante, el presupuesto para la innovación en la enseñanza no necesita sobrecargar el presupuesto educativo. Teniendo conectividad, hay bibliotecas de contenido disponibles de manera gratuita para profesorado y alumnado. Estas innovaciones también pueden posibilitar que, con un coste menor, se puedan llegar hasta aprendices excluidos a la vez que su aprendizaje puede aumentar mediante una instrucción y contenidos materiales más focalizados.

4. Ambiente capacitador. A pesar de la incertidumbre sobre el impacto de las tecnologías de la educación sobre el aprendizaje, hay una predisposición favorable e imparable acerca de ellas y cada vez una cantidad mayor de proyectos que aplican estas nuevas tecnologías a los sistemas educativos. Mike Trucano, del Banco Mundial, que ha estado estudiando con detalle este campo, señala que «el volumen total de dichos proyectos y la sofisticación de muchos de ellos es un fenómeno notable» y que «están ocurriendo muchas más cosas, en muchos más lugares, que nunca antes». Trucano identifica 20 tecnologías de la educación emergentes en todo el mundo, incluyendo Mindspark, un producto de aprendizaje adaptado de Educational Innovations, cuyo objetivo es ayudar a que los niños y las niñas en India mejoren sus destrezas matemáticas, y Eneza, que ofrece modelos de exámenes y otros productos relacionados, para ayudar a los y las estudiantes en Kenia a prepararse para los exámenes. Tener esta abundancia de información fácilmente disponible para el alumnado es una bendición para el aprendizaje, pero el profesorado y los equipos directivos de las escuelas deberían ser capaces de ayudar a que el alumnado use esta información. La inercia es muy poderosa y los intereses sesgados dentro del sistema educativo pueden ser reticentes a adoptar la innovación. Los cambios sistémicos, más que las reformas parciales, podrían superar esta resistencia de manera más eficaz.

Innovación para dejar atrás el pasado

A menos que los sistemas educativos abracen las nuevas tecnologías y las conviertan en unas herramientas de enseñanza y aprendizaje eficaces, las escuelas están condenadas a quedarse atascadas en el pasado, con un modelo educativo que era adecuado para la Revolución Industrial pero no lo es para la Revolución Digital. Transformar los sistemas es una tarea abrumadora, pero las recompensas pueden ser enormes. Los sistemas educativos que desarrollan un ecosistema innovador están equipados con las herramientas necesarias para dar un salto adelante, permitiendo que sistemas educativos de bajo rendimiento se propulsen hacia el futuro más rápidamente que todos los avances que han hecho los países ricos a lo largo de 150 años. Incluso podrían superarlos, según Rebecca Winthrop, de la Brookings Institution. Pensemos en el ejemplo de la producción industrial, donde Corea, aprovechándose de las nuevas tecnologías digitales y con un ecosistema de innovación muy sólido, superó a Japón y a las empresas occidentales en la fabricación de teléfonos móviles, televisores y ordenadores. ¿Por qué no iba a funcionar de la misma manera en la educación? Hay muchos desafíos que deben abordar los sistemas educativos de todo el mundo, pero seguro que no se equivocan si deciden invertir en un sistema de innovación basado en el aprendiz.