Educadores y estudiantes como agentes transformadores del cambio

Escrito el 18 Abr 18 por Maria Vamvalis
Estrategias de enseñanza y aprendizaje

 

Mejorando la participación de docentes y estudiantes mediante la creación de aulas de pensamiento

Trabajos recientes, como el Documento de posición sobre la educación después de 2015 y el informe Desde la escolarización al aprendizaje [From schooling to learning], siguen destacando la importancia fundamental que tiene contar con educadores apasionados, motivados y altamente competentes para apoyar el aprendizaje de los estudiantes.  Ante esta realidad, tenemos la obligación de seguir analizando con sumo cuidado las formas en las que intervenimos como educadores en lo que se ha dado en llamar el "núcleo didáctico" (Elmore, 2008), es decir, en la relación entre docentes, estudiantes y objetivos de aprendizaje. La clave para desarrollar una educación de calidad está en cultivar las capacidades de los estudiantes para activar un pensamiento de calidad basado en la indagación crítica dentro de la dinámica central de la docencia y del aprendizaje.

¿Cómo podemos, como educadores, asegurarnos de que nuestros métodos de docencia y aprendizaje promuevan con habilidad los conocimientos, destrezas y competencias necesarias para hacer frente a los complejos desafíos globales, así como el cultivo de concepciones de ciudadanía basadas en un compromiso sincero y auténtico con el desarrollo sostenible, la equidad y la construcción de la paz en diferentes contextos?  El desarrollo de los profundos conocimientos, destrezas para toda la vida y orientaciones éticas que necesitarán para salir adelante en un mundo cada vez más multifacético, plural e interdependiente, exige que los estudiantes participen activamente en su aprendizaje.

Las conceptualizaciones sobre la participación de los estudiantes son más sólidas cuando, tal y como escribe Bruce Beairsto,

“…ponen el acento en la perspectiva de los estudiantes, en la naturaleza y nivel de compromiso que sienten.”  

La participación no es algo que podamos provocar en otros, sino que podemos ofrecer oportunidades para que los estudiantes se sientan motivados, animados y apoyados para comprometerse personalmente con su propio aprendizaje.  Centrarse en niveles de compromiso que promuevan simplemente el cumplimiento, el entretenimiento o el interés no es adecuado para desarrollar los profundos conocimientos, destrezas y caracteres que se necesitan hoy en día. Las actividades educativas deben ser capaces de retar y transformar a los estudiantes.

Las condiciones que promueven la participación intelectual se dan cuando los estudiantes tienen que hacer frente una y otra vez a situaciones problemáticas, en las que se plantean preguntas profundas y en las que deben realizar valoraciones razonadas empleando de manera competente las herramientas intelectuales necesarias para un pensamiento de calidad.  Esta es la definición de pensamiento crítico elaborada a lo largo de dos décadas por The Critical Thinking Consortium (o TC2), una organización educativa sin ánimo de lucro fundada y radicada en Canadá.   

El objetivo de Consortium es trabajar de manera sólida y sostenible con educadores y organizaciones educativas para motivar, apoyar y propugnar la introducción del pensamiento crítico, creativo y colaborativo como meta educativa y como método de docencia y aprendizaje. Nuestro objetivo es promover en los estudiantes:

  • mejores capacidades e inclinaciones para pensar de manera eficaz;
  • un conocimiento más profundo del plan de estudios;
  • un mayor compromiso con el mundo; y
  • una mayor disposición a actuar de manera reflexiva y éticamente responsable.

TC2 ha creado una serie de poderosos marcos para hacer aflorar, cultivar y evaluar el pensamiento de calidad (un pensamiento que sea crítico, creativo y colaborativo) mediante la creación de un aula del pensamiento, tal y como se expone en el libro de reciente publicación Creating Thinking Classrooms (Gini-Newman y Case, 2015).  Un aula de pensamiento es aquella en la que los estudiantes piensan para aprender y aprenden a cómo pensar.  Tal y como decimos frecuentemente en TC2, la persona que piensa es la que aprende. 

Dentro de este marco y conceptualización, el pensamiento se convierte en la metodología de aprendizaje y mejora simultáneamente la capacidad de aprender hechos básicos mediante la focalización en la indagación crítica. Los cuatro elementos fundamentales para crear un aula o contexto de pensamiento son: crear un ambiente que favorezca el pensamiento, crear oportunidades para pensar, capacitar para pensar y orientar para pensar de manera informada.  Estos cuatro elementos son fundamentales, pero un avance en cualquiera de estas áreas puede servirnos para empezar a mejorar nuestra forma de cultivar el pensamiento de calidad.

Promoting a thinking classroom
© The Critical Thinking Consortium

Tal y como se destaca en el informe Desde la escolarización al aprendizaje, el aprendizaje profesional es algo que se hace mejor cuando se realiza con los docentes y no para ellos.  La participación del docente y la participación del estudiante son complementarias. Ofrecer a los docentes oportunidades reales de reflexión, apoyarles en el perfeccionamiento de sus capacidades para interesar a los estudiantes en oportunidades relevantes y auténticas de aprendizaje, y desarrollar herramientas para evaluar sus métodos de enseñanza son dimensiones importantes de un aprendizaje profesional sólido y significativo. 

El método de aprendizaje profesional de The Critical Thinking Consortium invita a los educadores a reinventarse y a reconectar con su papel como agentes de transformación profunda del cambio en las vidas de los estudiantes.  La conceptualización de la docencia y del aprendizaje a través de un sistema de pensamiento de calidad inspira nuevas posibilidades dentro del aula y mejora la capacidad de los docentes para elaborar estrategias eficaces de enseñanza para ayudar a todos los estudiantes a que desarrollen un pensamiento de calidad. 

Un objetivo evaluable y un indicador pertinente dentro del conjunto de las metas educativas sería hacer un seguimiento de hasta qué punto ha mejorado la capacidad de los docentes de hacer aflorar, cultivar y evaluar el pensamiento de calidad como resultado educativo fundamental. Además, este método para el aprendizaje del educador y del estudiante sirve para cultivar capacidades y competencias que van más allá del aula, convirtiéndose así en un poderoso modelo para el aprendizaje para toda la vida, válido para las culturas y contextos de todo el mundo.


El papel de TC2 en el fortalecimiento de la capacidad del sistema educativo para traducir o transformar los métodos y recursos disponibles para los docentes para mejorar el aprendizaje se materializa en un método que se centra en motivar la capacidad de asombro, la curiosidad y la ciudadanía, que problematiza el plan de estudios y lo convierte en un problema a resolver, en vez de enfocarse en una serie de datos a memorizar, aprender y transmitir a los estudiantes sin intervención del pensamiento.  Recientemente he tenido la oportunidad no solamente de crear un módulo de indagación crítica integral diseñado para motivar y promover la ciudadanía medioambiental en estudiantes de nivel intermedio, sino también de enseñar en un aula del grado 7 utilizando este módulo.  En un reciente artículo escrito para la revista Blue Dot de la UNESCO, así como en una reciente entrevista sobre cómo la aplicación del método del pensamiento en un centro educativo puede transformar la docencia y el aprendizaje, he tenido la oportunidad de exponer mi experiencia y reflexiones sobre la mejora de la docencia y del aprendizaje a través de un método de indagación crítica.

La educación de calidad ha sido citada como la fuerza más poderosa que existe para reducir la pobreza, mejorar la salud y los medios de subsistencia, aumentar la prosperidad y crear sociedades más inclusivas, sostenibles y pacíficas.  En pocas palabras, la educación de calidad es una de las herramientas más transformadoras para crear un futuro global mejor. Nunca ha habido tanto interés por mejorar la docencia y el aprendizaje. El profundo potencial y poder de la educación se hace realidad cuando los educadores y estudiantes asumen su papel de agentes transformadores del cambio comprometiéndose verdaderamente con los objetivos curriculares.  Las aulas del pensamiento y los contextos capaces de crear oportunidades para desarrollar un pensamiento crítico, creativo y colaborativo son fundamentales para formar estudiantes capaces de responder con comprensión, eficacia y visión a las complejidades del siglo XXI.

 

Beairsto, Bruce. “Engagement in learning: finding the depth beyond diligence”. Critical Discussions Series.  The Critical Thinking Consortium (online piece, no date given)

Elmore, Richard F. 2008.  Improving the instructional core. Cambridge: Harvard University Press.

International Working Group on Education. 2014. From schooling to learning. Varghese, N.V. (Ed). Paris: UNESCO-IIEP. 

UNESCO. 2014. Documento de posición sobre la educación después de 2015.

Gini-Newman, G., and  Case, R. 2015. Creating thinking classrooms: leading educational change for a 21st century world. Vancouver, BC: The Critical Thinking Consortium.